lunes, 28 de noviembre de 2011

Algunas consideraciones sobre la formación artística y cultural del arquitecto..

El Informe desarrollado por la Comisión Cultura, Ciudad y Arquitectura el 14 de enero del 2009, al II Consejo Nacional del VII Congreso de la UNEAC destacaba en el acápite sobre la formación y el desempeño profesional eficientes y aprovechamiento de la capacidad profesional del país, que es necesario no entorpecer:
“… la participación en el diseño y otras tareas, de arquitectos que no pertenezcan al sistema empresarial de proyectos, sino impulsar una amplia concurrencia que posibilita la selección de los mejores trabajos, con el apoyo de organizaciones gremiales profesionales como la UNAICC y la UNEAC, y de los estudiantes y profesores de Arquitectura.

Mejorar la calidad de la arquitectura y la ciudad, y del ambiente en sentido general, requiere de una formación adecuada a los recursos humanos que participan en su conformación. Las facultades de Arquitectura y Construcciones deben continuar elevando la profesionalidad de sus graduados, facilitándose el vínculo con otras disciplinas artísticas y humanísticas [lo cual] requiere incentivar la incorporación a la docencia de los mejores arquitectos del país”
Las recomendaciones del Grupo 3, a los Ministerios de Educación Superior y de Cultura, así como a las Facultades de Arquitectura y Construcciones, surgidas del Plan de Trabajo de esta comisión, precisaban más el asunto sobre la formación del arquitecto cubano cuando en los puntos 3.1 y 3.2 se señalaba:
“3.1. Contemplar en los planes de estudio de arquitectura el acercamiento y el trabajo conjunto entre disciplinas humanísticas y artísticas así como potenciar la formación cultural en la enseñanza de la arquitectura.
3.2. Ampliar y diversificar el claustro docente y garantizar condiciones necesarias para su actualización y buen desempeño.” 
Por otra parte, en estos momentos el VII Pleno del Comité Central del PCC está llamando a la revisión y análisis crítico de los problemas fundamentales que nos aquejan y le corresponderá a la Educación Superior, en su sistema de enseñanza, la instrumentación y concreción de acciones, algunas de ellas ya dadas a conocer por su Ministro cuando señaló:
“… preparar integralmente al estudiante permitirá que la Universidad salga de sus muros y se convierta en un instrumento clave para la toma de decisiones en el enfrentamiento a los problemas.”[1]
Si esta orientación o directiva se valora a la luz de  la entrada en vigor, el pasado 26 de junio, del Decreto Ley 268 del 2009 emitido por el Consejo de Estado cuyo objetivo es atemperar un grupo de disposiciones laborales a las actuales circunstancias en que se desarrolla nuestro país y eliminar prohibiciones el cual, según la Nota oficial publicada en el periódico trabajadores del 29 de junio pasado:
“Ofrece la posibilidad de que los estudiantes de los cursos regulares de los niveles medio superior y superior, en edad laboral, puedan incorporarse al trabajo mediante contrato por tiempo determinado, en la modalidad a tiempo parcial, y percibir ingresos por los resultados, sin perjuicio de su formación profesional, rendimiento docente y el cumplimiento del servicio social cuando egresen”.
Sobre este aspecto, en su discurso del 1º de agosto pasado en la clausura de la VII Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Raúl señalaba al referirse a este Decreto Ley y la inclusión del trabajo estudiantil entre sus prerrogativas que ello es:
“…práctica extendida en el mundo, que además de satisfacer necesidades personales, contribuye a prepararlos mejor profesionalmente y sobre todo para la vida.
Hay que conocer las limitaciones, no para cogerles miedo o enarbolarlas como pretexto y no hacer nada, sino para determinar cuál es la mejor alternativa y dedicarse a llevarla a la práctica.”[2]
Los aspectos planteados, el acercamiento y trabajo conjunto entre disciplinas humanísticas y artísticas potenciando la formación cultural, la ampliación del claustro profesoral, la preparación integral del estudiante, la salida de las universidades de sus muros y la posibilidad de inserción laboral de los estudiantes en busca de una mejor preparación profesional y para la vida, como elementos a tener en cuenta para un perfeccionamiento de la Carrera de Arquitectura y adecuados a las situaciones actuales en busca de soluciones a los problemas con la vista puesta al futuro, son aspectos íntimamente relacionados y cuyas soluciones requerirán no sólo de una revisión de los Planes de Estudio de las Facultades de Arquitectura y Construcciones sino también de una reorganización de las relaciones entre los sectores de la Educación Superior, la Construcción y de la Cultura con adecuación, por todas las partes, de horarios docentes y laborales así como de retomar formas de pensar y actuar otrora existentes, actualmente abandonadas y sustituidas por otras técnico-burocráticas de las que hemos adolecido y se han desarrollado durante varias décadas.
Sobre todo de lo que estamos llamados a analizar y valorar para sus  aplicaciones pertinentes, existen experiencias válidas en los momentos que fueron aplicadas y hoy deben ser razonadas a la luz de los tiempos actuales; experiencias positivas que garantizaron en su momento la formación que hoy se reclama de los estudiantes de arquitectura y que por diversas razones, que no es el momento ni lugar para sus análisis, se perdieron.
Sería, de alguna manera, reanalizar la experiencia desarrollada por el Ministerio de la Construcción  en los primeros años del triunfo de la Revolución, con el llamado Plan 6 x 8, llevado a cabo con aquellos estudiantes de arquitectura e ingeniería que, por necesidades personales y económicas trabajábamos en el ministerio. Dicho plan conllevaba el comenzar a trabajar a las 7: 00 AM hasta la 1: PM; el horario docente se extendía entonces desde las 3: 00 PM hasta las 11:00  con un intervalo de una hora a las 8 de la noche. Es bueno recordar que “ello fue conseguido en medio de una situación muy difícil, con agresiones económicas, alzados, invasiones, sabotajes, crisis de los cohetes, inexperiencia, rupturas familiares y fuga de los mejores arquitectos”[3]. Esto último obligaba a que los estudiantes tuviéramos que asumir, en ocasiones, tareas más allá de nuestros conocimientos y posibilidades técnicas.
El hecho de ser trabajadores y tener que afrontar responsabilidades de proyectos y/o ejecución de obras, nos preparó profesionalmente mucho mejor que los que hicieron la carrera como becados universitarios, los cuales se enfrentaron con “la concreta” una vez egresados de la escuela. Esa práctica, asumida por el ministerio entonces, retomaba lo que fue común en la carrera antes del triunfo de la Revolución en que los estudiantes de arquitectura trabajaban en las oficinas y empresas particulares de arquitectos de renombre, ─más que muchos para sus sustentos económicos, pues una gran parte procedía de posiciones económicas holgadas─, para asumir experiencias prácticas en lo técnico, lo laboral y lo social desde un primer año en que podían realizar funciones de delineantes y, de esa manera, ir asumiendo cobros y responsabilidades técnico-profesionales crecientes en la medida de su avance en la carrera. Estas experiencias permitían vincularse con proyectos complejos y asumir la solución de diferentes problemas técnicos, funcionales y estéticos orientados por profesionales, suficientemente capacitados, que aunque no ejercieran la docencia de manera directa en las aulas de la Escuela, la ejercían de modo indirecto durante sus análisis y orientaciones en correspondencia con los problemas tratados.
En esos primeros años del triunfo revolucionario todos los profesores de las especialidades propias de la carrera compartían la docencia vinculados con sus prácticas profesionales como proyectistas y/o ejecutores lo cual hablaba del nivel profesoral con que contaba por entonces la Escuela y nos referimos a los Piasecki, Quintana, Babé, Salinas, Girona, Mario González, Escobar, por sólo citar algunos de los que ya físicamente no están entre nosotros y a los cuales varias generaciones de arquitectos les debemos tanto, y no sólo en lo profesional.
Otra experiencia válida, también en su momento, fue la desarrollada por un convenio entre la Universidad y la Delegación del MiCons en la antigua Provincia de Oriente cuando fue creada la segunda Escuela de Arquitectura del país, en el año 1969. En esta vinculación, dado que no existía experiencia de ese tipo de enseñanza en la provincia, la dirección de la construcción provincial cedió, a la Universidad para dirigir la conformación del Plan de Estudio correspondiente, a un equipo inicial de tres arquitectos que conformaríamos posteriormente la dirección de la futura Escuela de Arquitectura. El plan, en la misma medida de su avance, iba siendo analizado y discutido con los restantes arquitectos de la provincia en sesiones de trabajo metodológico el cual finalmente fue aprobado, iniciándose en noviembre de ese año la carrera de arquitectura de la Universidad de Oriente.
De igual manera, para poder garantizar las materias propias de la especialidad la delegación del MiCons confirió, a un grupo de arquitectos que se distinguieron por sus aportes metodológicos durante las sesiones arriba descritas, y seleccionados por ambas entidades, el “plan de medio tiempo” consistente en emplear media sesión laboral en tareas docentes en la Escuela, mientras que la Universidad enfrentaba con sus profesores, las materias de la formación general.
Esta escuela que comenzó con un Plan de Estudio propio en correspondencia con las características y necesidades de la región, egresó con el mismo al menos dos generaciones de arquitectos en los años 74 y 75. En este plan, estructurado en Ciclos y Períodos, preveía la obtención por parte de los alumnos de determinados niveles técnicos en dependencia del curso finalizado y en previsión de poder asumir las bajas docentes por el sector constructivo como una respuesta a la escasez de mano de obra calificada existente en la provincia. Como resultado de una excesiva centralización que cerraba alternativas y anulaba las particularidades, se eliminó este plan y se implantó el plan único integrándose la Escuela en la Facultad de Construcciones al igual que la de la CUJAE, nombrada centro rector, y aunque ésta más tarde volvió a ser Facultad independiente, las otras tres Escuelas que actualmente existen en el país siguen todavía con esa estructura. Es importante reconocer que la experiencia asumida por muchos países en la formación del arquitecto es la de considerar incluso  a esta modalidad como un Instituto Superior independiente, tal cual sucede con el Instituto Superior de Diseño Industrial en nuestro país.
En cuanto a experiencias llevadas a cabo por las Escuelas en sus relaciones con otros organismos en cuanto a la disposición de dar respuestas con trabajos propiamente docentes relacionados con las necesidades y realidades del país se pueden señalar, entre otras, la desarrollada en los inicios de los años 70 por la Escuela de La Habana y el DESA en la realización de proyectos reales y la llevada a cabo por la Escuela de Oriente en coordinación con la delegación provincial del sector a partir del año 71, sin obviar las que puedan haber desarrollado las de la Universidad de las Villas creada en 1974 y de Camagüey a partir de su apertura en 1978. Otra experiencia a nuestro juicio muy importante puesto que abordó un aspecto de la arquitectura que en ocasiones es obviado por supuestas limitaciones económicas, fue la llevada a cabo por la Facultad de Artes Plásticas del ISA cuando desde el curso 79/80 hasta el 85/86, efectuó 52 Trabajos de Diploma relacionados con el Diseño Ambiental en coordinación con el MiCons cuyos Tutores, los Arquitectos proyectistas principales de las obras, orientaron y coordinaron las propuestas de inserciones artísticas, de murales y esculturas en lo fundamental, en los espacios correspondientes.
Otras experiencias de los primeros planes de estudio  de arquitectura después del triunfo de la Revolución, esta vez como parte de la preocupación por una formación artístico-cultural, en que se impartieron asignaturas como Fundamentos de la Arquitectura; Color, por Rallo y Plástica, desarrollada esta última por artistas de reconocido prestigio como Guido LLinás, Azcuí y Tomás Oliva; materias que fueron eliminadas más tarde por criterios netamente tecnocráticos. En la década de los 80, se inició por las Facultades de Artes Plásticas y de Arquitectura del ISPJAE una coordinación para ofrecer por la primera, con un grupo de sus profesores (Luís Miguel Valdés, Fabelo, Negrín y Andrés Hernández) un número de materias docentes de carácter plástico con sentido opcional que, al no estar contemplada dicha experiencia en el horario de la carrera, no se pudo continuar pues los estudiantes tenían que desarrollarlas en tiempo extra en franca competencia con el del calendario por el cual eran evaluados oficialmente.
Otro ejemplo de la preocupación existente en los primeros años de la Revolución por ofrecerle a los estudiantes de arquitectura una mejor formación cultural fue el ciclo de conferencias organizadas por Porro con los alumnos trabajadores del Conjunto de las Escuelas de Arte al que fueron invitadas prestigiosas figuras del arte y la literatura cubanas con vistas a exponer diferentes temas vinculados con el quehacer cultural de la nación.
En décadas posteriores una concepción con un marcado énfasis en lo científico-técnico en la formación del arquitecto, en detrimento de lo artístico-cultural sin que ello conlleve a abandonar los aspectos técnico-constructivos y tecnológicos que se correspondan con su profesión; el tratar de superar deficiencias e insuficiencias arrastradas desde niveles precedentes en el impartir de materias socio-políticas e históricas; así como el planteo de otras con sentido “profesoral” hace  que se impongan determinados contenidos que para nada tienen que ver con el ejercicio profesional y que consumen tiempo y esfuerzos a expensas del dedicado a las propias existentes y a otros contenidos básicos e imprescindibles para una formación integral, cuando además se impone un tiempo máximo de cinco años como fondo de tiempo de la carrera.

Todo ello obliga a pensar que la imposición de asignaturas cuyos contenidos ya han sido desarrollados en niveles precedentes como la Economía Política General o desde la primaria como Historia de Cuba; que otras como Pedagogía deben formar parte de los planes de formación de los Adiestrados con que se refuerza el cuerpo profesoral del Centro Superior; la  extensión y profundidad de asignaturas como las Matemáticas, en la que quizás haya que dar mayor énfasis a la Trigonometría Plana y la Geometría Descriptiva, de aplicaciones más prácticas en la carrera; sean aspectos que pueden ir en contra  no sólo de la formación profesional sino de la general a la que se aspira. Cuando el estudiante no encuentra sentido e incentivos en determinadas materias y las asume con apatía y desgano, de manera formal; se involuciona en el objetivo  que se pretende dar en su formación integral. Esos aspectos económicos e históricos necesarios a un arquitecto cubano podrían ofrecerse en materias con aplicaciones más específicas profundizándose en la Economía de la Construcción y en un programa disciplinar que abarque un panorama de la Historia de la Cultura Cubana, tan vinculada a la historia de la nación.
Sobre la base de las experiencias vividas, tanto las positivas como las negativas con respecto a la formación del arquitecto, se hace imprescindible hacer una valoración de las mismas a partir de las circunstancias actuales por lo que, sin creer que tengamos la verdad absoluta, exponemos una serie de ideas o consideraciones con el ánimo de que las mismas sean capaces de detonar una tormenta de ideas que ayude, en un pensar colectivo, a las instituciones correspondientes a dar los pasos y tomar las decisiones necesarias con vistas a todo el proceso re organizativo a que nos llama la máxima instancia del país. Por lo que sería conveniente expresarnos sobre:
·         Mantener la estructura curricular por períodos en Planes de Estudio ajustados a las particularidades regionales y no subordinados a un “plan central”. Ello permitiría una mayor profundización en las condiciones naturales, sociales, técnicas y económicas de esas regiones, imprescindibles para enfrentar las necesidades proyectuales y constructivas con que esos egresados deberán enfrentarse. Para ello debe existir libertad para que cada escuela elabore sus propios planes sin que se pierda una estructura centro, consensuada en común y donde el diseño, la expresión, la representación, el análisis estructural, así como las técnicas constructivas entre otras materias no menos importantes, rectoren la formación de los educandos. Lo anterior pudiera crear un sentido de emulación en cuanto a la calidad de los egresados.
·         Mantener un número de horas para asignaturas electivas y optativas en materias generales (tecnológicas, constructivas, humanísticas, históricas, culturales, sociales, económicas, etc.) con el fin de ampliar los conocimientos y profundizar en aspectos de la cultura en el más amplio sentido, existiendo la posibilidad de ser tomadas en otras Facultades y/o Filiales Universitarias con particularidades afines como Artes y Letras, Ingeniería Civil, Artes Plásticas, San Jerónimo, etc., según los intereses personales del estudiante.
·         Establecer coordinaciones con entidades proyectistas y/o constructoras con el objetivo inicial de incorporar, al claustro docente, personal de altos niveles técnicos pertenecientes a las mismas por períodos predeterminados; garantizar, en segunda instancia, la posible inserción laboral de los estudiantes no vinculados al trabajo cuando no cumplan con los requisitos docentes establecidos y causen por ello baja académica, pudiendo ser empleados en trabajos afines a los conocimientos adquiridos; un tercer objetivo a obtener, sería el de ofertar a los estudiantes proyectos reales a resolver según el año que corresponda en una especie de talleres Verticales. 
·         Mantener el Trabajo de Diploma seleccionado por el estudiante y desarrollado en una de las vertientes teórica,  práctica, o teórico-práctica, propias de la arquitectura vinculadas a los planes productivos o de servicios en que los responsables de esas acciones de proyecto o construcción puedan fungir como Tutores de los mismos y en el que se demuestren los conocimientos y habilidades adquiridos en los años precedentes. Esta actividad pudiera ir acompañada, de ser necesario, por seminarios y/o talleres acordes con el proyecto de diploma a desarrollar (nuevas tecnologías de construcción, producción de materiales o de montaje; técnicas de restauración y/o  de producción de arte público, etc.)
·         Un plan de estudio que encamine a los estudiantes a un conocimiento de los contenidos sociales, éticos, estéticos, técnicos, culturales, políticos y económicos conformadores del ambiente, así como en las habilidades para sus transformaciones y el asesoramiento para las valoraciones correctas de las mismas; que los prepare para enfrentar acciones que coadyuven a desarrollar o aumentar los valores, tanto económicos como espirituales, requeridos en situaciones complejas a través de la proposición o establecimiento de órdenes correctos y de estructuras soportantes apropiadas, tanto en lo constructivo como en lo socio-económico.
·         Como la Arquitectura en su quehacer profesional tiene que enfrentarse con aspectos territoriales, espaciales, económicos, productivos, materiales, técnicos, tecnológicos, sociales y comunitarios, el plan de estudio debe ser integral y hacer comprensible, desde el principio, que los arquitectos deben ser capaces de realizar estudios completos y complejos, más allá de las partes componentes de un edificio, una comunidad o un ambiente, sin menoscabo de las características estéticas que, en el más amplio sentido, deben ser observadas y aplicadas en dependencias de la escala de trabajo abordada.
·         El plan de estudio debe ser lo suficientemente abierto como para permitir al egresado vincular o continuar sus estudios de pre grado con Programas de Maestría en el cuarto nivel de enseñanza, ya sea en la propia especialidad o en especialidades afines (Historia del Arte, Artes Plásticas, etc.) en las cuales pueda acreditar materias de su perfil mientras asume aquellas novedosas para el mismo.
·         La creación de Institutos o Facultades de Diseño, Arte y Arquitectura, permitiría integrar en un Centro de Enseñanza Superior el conjunto de disciplinas que tributan en el diseño del ambiente en su más amplia acepción.
·         Con las incorporaciones de los estudiantes de los diferentes años a la producción o los servicios se podría pensar la Carrera de Arquitectura en seis años. Si en términos económicos se viera retrasada en un año la incorporación de un profesional a la producción, habría que considerar que esta “pérdida” estaría compensada con los resultados que, cada año y durante los seis que duraría la carrera, produciría el estudiante incorporado a labores productivas o de servicios. En términos de formación integral ello permite profundizar y ampliar los conocimientos, con lo cual se lograría un fortalecimiento de la misma. Con respecto al desarrollo del Trabajo de Diploma bajo esas condiciones, se puede llevar a este ejercicio académico a todo un curso con lo cual se ganaría en profundidad y complejidad.
Hasta aquí algunas consideraciones sobre la formación del arquitecto desarrolladas con el ánimo, más arriba señalado, de incentivar ideas y criterios en este Coloquio Nacional por la Arquitectura Cubana en la búsqueda común de egresados profesionalmente más capaces y mejores ciudadanos.






Dr.C Arq. Raúl Navarro Padrón.
Profesor Titular Consultante.





           










[1] Leticia Martínez Hernández. “Universidad para todos, pero con calidad”. Periódico Granma, miércoles 22 de julio del 2009, pág. 8.
[2] Periódico Granma, Sección nacionales, pág. 5, lunes 3 de agosto del 2009.
[3] Mario Coyula. “El Trinquenio Amargo y la ciudad distópica: autopsia de una utopía”. Conferencia leída por su autor, el 19 de marzo del 2007, en el Instituto Superior de Arte (La Habana), como parte del ciclo «La política cultural de la Revolución: memoria y reflexión», organizado por el Centro Teórico-Cultural Criterios.

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